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En este periplo por los últimos treinta años voy a permitirme esta vez un pequeño truco, porque si mi finalidad era narrar experiencias concretas de importancia en mi vida, dificilmente esta foto añeja puede entrar dentro de esa categoría. Sin embargo, la experiencia de tener un hermano, y sólo uno, ha sido uno de los influjos mas fuerte que he tenido. Aliado/competidor, molestia o bálsamo, compañero de aburrimiento y diversión, amigo-enemigo, carne de mi carne. El titulo de primer amigo es paradójico, puesto que nunca lo vi así, mi hermano y yo desarrollamos una amistad consciente tardíamente, una vez superado el obstáculo que supusieron nuestras respectivas adolescencias, cargadas de caraja y tontería. Pero mucho antes, cuando eramos tan pequeños que casi no lo recordamos, el y yo estábamos juntos día y noche. Esta foto es un poema de aquellos primeros años 80, ambos sentaditos en el escalón de Palace Manor. Muy juntitos y con la famosa inocencia infantil. Es veranito, la estación de la infancia por excelencia, y mas junto a la playa. Llevamos pantalones cortos y mi hermano hasta tirantes. Yo agarro una pala de playa, uno de esos objetos que plagan la memoria de los niños gaditanos, como aquellas alpargatas de plástico cerradas con hebillas metálicas siempre oxidadas y que eran imprescindibles para ir a las rocas. Esta foto tiene el valor de revivir aquellos veranos inacabables, con la única preocupación de jugar con la arena, ir a casa de los Galiana o tomar nuestro Nesquik fresquito. Tardes de ir a la piscina donde ahora está la policía local y ser un tritón o un delfín dependiendo de nuestra aptitud natatoria. Tardes de bocadillo de chorizo con margarina para que fueran menos secos. Todos tenemos tal cumulo de emociones y sensaciones asociados a la propia infancia que casi nos embriaga ponernos frente a una de las llaves de la memoria, como hago yo con esta tierna y melancólica (para mi) imagen. Como decía Proust, el tiempo es una mardalena, y si es de la Bella Easo, dura poco. Lo que fue realidad únicamente presente, rabioso presente, donde esperar 15 minutos era un suplicio, ahora queda sólo como sueño, como eco, como el parecido entre Pablo y yo con nuestras versiones de 2007.
Mi mente encadena recuerdos y situaciones vividas con mi hermano, desde nuestros partidos de futbol pasillo durante muchos años a juegos en la calle con otros niños, borracheras compartidas, peleas constantes, violentas o de verdad. Los dos tirandonos juntos en nuestro monopatín azul (bueno, si, era tuyo), regaló de la madre del Teti. Buscando litronas vacias para venderlas en la calle de atras al "cateto" por cinco duros, que solían acabar en chucherias (antes de que nacieran las barracas) o en los recreativos, donde dormían los sueños de los niños de entonces.
Lo dicho, es genial tener un hermano como Pablo, mi buen amigo el Pavo Buitre, cada día menos pavo. Te quiero hermanito!
Otro capitulo importante en mi repertorio de experiencias lo forma todo lo vivido con mis queridos e incomprendidos scouts. Ser scout ha sido siempre uno de los pilares fundamentales de mi personalidad y en el momento de escribir estas lineas acumulo 22 añazos de vida scout. Nunca nada ni nadie, fuera de la familia, ha permanecido tanto tiempo presente en mi vida. No es posible entenderme, creo yo, sin el escultismo. En cuestión de autonomía, autoconfianza y muchas otras cosas, soy deudor del grupo 188, particualr versión de los scouts que encajó bien con mis creencias, como la laicidad, el tener las puertas abiertas a todos y de verdad y cierto desparpajo medio jipi, medio macarra.
Pero todo esto es un plastazo que no hace referencia a vivencia alguna. Era de nuevo una pequeña introducción repitiendo lo ya sabido por todos los que constituyen la pequeña, pero selecta, audiencia de esta bitacora. Sin embargo, la foto que hoy comparto con vosotros (retocada por photoshop para cachondearme de mi mismo) si se tomó en un momento concreto y un lugar especifico. Se trata de Julio de 1994, en el Parque Nacional de Picos de Europa, un lugar maravilloso. Estaba a punto de cumplir los 18 años y acababa de aprobar selectividad. Con la pandilla de colgados que me acompañan en la foto, recorrimos a pie durante 15 dias los pueblos, rios, montañas y bosques de por allí. Estabamos a cientos de kilometros de cualquier conocido. Sólo nos teniamos a nosotros mismos (nos acompañaba un adulto, claro). Nos cocinamos, durmimos bajo varias tormentas, acampamos en un corral de cabras y nos bañamos en pristinas aguas de manantiales de montaña, tan frios como transparentes. Vivimos en un contacto permanente con la naturaleza y los vecinos del lugar, a los que conocimos y llegamos a apreciar, como un sacerdote que nos dejó dormir en el jardin de la iglesia o Pep, el de Isolina, un pastor de Cangas que nos acogió en su establo durante una tormenta y que nos invitó a permanecer allí todo el tiempo que quisieramos. Al final nos quedamos tres dias, llegando a ayudarlo a ordeñar a los animales. Anduvimos durante muchos días, y sufrimos verdaderas penalidades (una amiga se doblo los dos tobillos en medio de una montaña, sin camino ni indicación alguna a más de diez kilometros de cualquier ser humano). Pasamos frio, hambre (que asco de comida haciamos!!) y estabamos sucios y cansados. Pero, a pequeña escala, conseguimos algo grande, que nos hizo fuertes y que nos llenó de orgullo, porque mientras otros pasaban sus vacaciones en la playa, sin esfuerzo y, en verdad, sin recompensa, nosotros visitabamos a pie, como los verdaderos viajeros, una tierra donde parece que los duendes duermen en las raices de los tocones. Fue, probablemente, el mejor campamento, scout o no, que haya hecho jamas.
Todos sabíamos que esto iba a ocurrir, que un día pondría una foto de mi estancia en Francia y abriría la caja de Pandora de mis recuerdos. ¿Como es posible que fuera algo seguro y evidente? ¿Es que hemos desarrollado poderes mentales? En absoluto, que mas quisieramos. Lo que ocurre es que la experiencia Erasmus me marcó de forma profunda y duradera. Fué un escalón fundamental en la construcción de la persona que soy. Sólo el mudarme a Córdoba, emanciparme y entrar al mundo "adulto" han conseguido que deje de ser basicamente el que volvió desde Brest un lejano Junio de 1998. De hecho, uno de los escasos abalorios que consiento en portar es un triskel, sagrada espiral celtica de origen solar. Brest significó para mi la libertad más total y absoluta, una sensación embriagadora. En una residencia con 800 estudiantes de varias decenas de paises, nadie conocido a 2000 km. y dinero para mantenerme un año de sobra, me pude plantear desde el comienzo un año Erasmus de experimentación y disfrute. Por lo pronto, decidí que perder un curso academico no era ningun problema, aunque al final sólo perdí medio, porque hubo asignaturas muy interesantes. Por lo demas, decidí que en semejante coyuntura, y si no quería limitarme a ser un extranjero entre extranjeros, tenía que echarle cara. Eso hice. No es dificil, allí culquiera tiene cara, porque son reservados, como buenos guiris. Me fuí (se que he contado esta anecdota mil veces, pero os jodeis, es mi bitacora, si no os gusta no la leais [Es un decir, os sigo apuntando con mi arma]) siguiendo el sonido de una canción de Celtas Cortos (aun eran un buen grupo y Cifuentes, menos tonto) hasta la puerta del fondo a la derecha de mi amado y tetrico pasillo. Allí llamé y me abrio mi primer amigo francés, Ludo, que aquí podemos ver pasando un rato conmigo en la habitación de Arnaud. Algunos lo conoceis porque estuvo en Cádiz ese mismo verano. Sé que Arnaud es más conocido, vino dos veces y la segunda se llegó a convertir en parte del paisaje humano veraniego. Ademas, conoció casi todas las casas de los colegas de Cádiz. Pero Ludo es un tio de putisima madre, un breton de campo, que vive en una granja sobre una colina mirando al ventoso Canal de la Mancha y que habla con su padre en bretón, para no perderlo. Conocer esa casa y a su familia, fue una de las cosas que gané aquel día que me atreví a llamar a su puerta. Fueron muchas, pero no quiero intentar siquiera recogerlas de una vez. Prefiero irlas desgranando como proceso de reflexión y recuerdo en estos pixeles que leeis. To be continued....
Erase que se era un joven y apuesto mozo que cumplió los dieciocho años y, tras mucho torturar a su pobre padre, consiguió que le mandaran un mes a Inglaterra, la perfida Albión de los libros de piratas. Era mi primera salida al extranjero de verdad, solo y para un tiempo considerable. Era mi primera escapada. Cierto que me quedaba en casa de una familia donde la madre era de Cádiz, y donde tenía clase de ingles, pero todo era tan nuevo... He dicho solo y no es cierto, mi prima Bea, con el gen Fernández de cogerlas al vuelo, decidió que era su propia oportunidad y cameló al padre con aquello de "si voy a estar con el primo Ramón". Asi que se vino, pero eso solo me dió algo de compañia sin cortarme lo mas minimo. Si, queridos lectores, vuestro amigo Ramón también fue joven una vez. En estas lineas que tan fervientemente leeis (seguid leyendo, os estoy apuntando), hemos saltado nada mas y nada menos que a 1994, el siglo pasado. Se me ve tan delgadito, con mi pelo rojo y medio largo. Estoy al borde del orgasmo friki, porque me hallo en el British frente a unos murales asirios de mas de 2500 años de antiguedad y esas cosas me ponen cachondo, ya sabeis. Sólo Ross Geller podría entenderme, pero que vamos a hacerle, si es ficticio. Esta imagen representa el comienzo de mi vocación internacional y guirofila, que tantos buenos momentos me ha traido, y también el habito de moverme solo, de irme de excursiones culturetas con mi musica y mi guia o sin ella. Aunque solitarios, esos momentos de descubrimiento siempre me han dejado hechizado, preso no sólo de la maravilla que estaba contemplando sino también del silencio interior en que los conocí, incapaz de comunicarlo con nadie, puesto que solo me hallaba. La experiencia quedó cerrada con matricula cuando volví con Isa y Cuchon a ver los mismo murales, pero 12 años despues, siendo arqueologo, no estudiante de COU. En cierto sentido fue como visitarme a mi mismo doce años despues, para comprobar los cambios. ¿Y sabeis que? Aunque todo es mejorable, me gusta como ha salido la cosa en general.
Esta foto representa la calma tras la tempestad. Estabamos en la Granja de San Ildefonso, cerca de Segovia, y habiamos ido para ver nieve, que en Segovia apenas había esa tarde, el mismo día que llegamos. Al día siguiente caería una gran nevada sobre nosotros cuando estabamos junto al acueducto, pero claro, no podiamos saberlo. Nos fuimos Isa, Pablo y yo, dejando a nuestros viejos en la casa del amigo donde acampábamos todos. En la Granja tan sólo había una pequeña capa de nieve, pero los tres, con la energía de los sueños infantiles sin satifacer, nos tiramos nieve como salvajes durante más de una hora. Con 26 y 29 años, respectivamente, mi hermano y yo tuvimos nuestra primera batalla de bolas de nieve. Yo había podido hacerlo unos años antes en la pequeña e insulsa, pero muy conocida, ciudad de Saarbrücken, pero fué con desconocidos, salvo por el bueno de Ruli. Asi que comprendereis nuestro entusiasmo. Para Isa y Pablo era su primera nevada y para Isa la primera vez que estaba en la nieve. Aquella tarde, en que nos emborrachamos de infancia y despreocupación, fue pasando a golpes de nieve y cuando quisimos darnos cuenta ya habían cerrado los jardines de la Granja, que era uno de nuestros supuestos objetivos y que hubiera sido una visita memorable. Pero no nos arrepentimos, yo no me arrepiento, porque aunque tiritando y asfixiados, jugamos y nos revolcamos como cachorrillos frente a la madriguera. Luego un canuto en el banco de la foto y un chocolate caliente, aquella brillante y fria tarde pasó como una resaca leve, dejandonos un regusto a epocas en blanco y negro, vistas en peliculas de los sabados por la tarde, con los pies en la copa de casa de la abuela. Aquella comunión con mi hermano e Isa y con nuestros sueños de antaño hizo que esa tarde quedara claramente como uno de los grandes momentos (de los buenos) que he vivido con el pavo buitre (Visite Scanea2.blogspot.com) y con Isa, mi amada compañera.
Haciendo un flash forward, o sea, volviendo hacia el presente, esta es otra imagen de nuestra experiencia holandesa de Octubre. Se trata de un garabato pintado en la pared. Estaba en nuestro cuarto del hostal Flying Pig, de gloriosa memoria. Su interes radica en que bajo los efectos de las setas, los colores brillantes se intensifican y cobran una pureza y un esplendor muy hermosos. Era la primera vez que ingería los hongos mexicanos que compramos en una tienda, con consejos para su uso y de una nevera refrigerada. Ah, Amsterdam! Recomendaban media bandeja para un viaje suave y una para uno más fuerte. Como eramos tres y de gran talla, al menos de cintura, compramos dos bandejas de las más suaves, para que fuera seguro y tranquilo pero intenso. Debido al mal tiempo y a los primeros embates en mis acompañantes de su merienda de setas, acabamos metiendonos en la habitación del hostal. Alli vivimos una eternidad en otro mundo, pequeño y seguro, que se reducía a nuestras cabezas, los colores y nosotros tres. Nos tumbamos, nos levantamos, nos hicimos porros dificultosamente y subiamos y bajamos al ritmo de los tamboriles chamanicos de los hongos. Cada uno, en loca armonia, ignoraba a los demas en su cabalgar y la capacidad de concentración volaba como una hoja al viento. Tuvimos visitas, que yo, al menos, viví como una violenta irrupción, sobre todo los guiris que compartían habitacion con nosotros, los pobres. Cuchon, por el contrario, les entró verborreico perdido, lo cual hizo que reinara el buen rollo, ya que venian a hacer lo mismo que nosotros. También apareció un par de veces un personaje peculiar, un catalan que vivía en el hostal a cambio de currar alli, y que nos encontró revolcados y nos soportó con mucho angel, el nota debía haber visto, y hecho, lo más grande. Bueno, la cosa fue eterna, el tiempo no corría, y presos de manias futiles, abrimos y cerramos el arcon con nuestras cosas unas doscientas veces. De repente, nuestro ojo caía sobre una tolla naranja que teniamos y embobados casi llegabamos al llanto por su calido color que refulgía en la gris tarde otoñal de los canales. O, apoyados en la ventana para intentar hacernos un canuto, una cortina verde danzaba en una ventana de buhardilla como un duende. Poco a poco, fuimos recuperando la cordura, o eso creiamos. Decidimos ducharnos y fue la prueba más dificil, con la confusión de los movimientos aplicada a una superficie resbaladiza y angosta. Pero una vez duchado, el mundo parecia volver como en una digestion lenta a sus contornos.....
Ha sido una experiencia muy interesante, muy agradable y que me hizo sentir euforico, porque abría, realmente, las puertas de la percepción. Que grosera, sucia y hasta ruidosa, resulta ahora la ebriedad alcoholica, que tambien he frecuentado. Compartir esos momentos con ambos queridos amigos me hizo sentir muy feliz, satisfecho de superar un nuevo reto desconocido hasta el momento. Hay que repetirlo.
En comparación con la anterior, de la bahía de ensueño, está no resulta muy especial, pero claro, esta es una bitaácora, así que se trata de lo que me resulta especial a mi. Estamos en Mayo de 2006, se trata de una de mis dos semanas de vacaciones, y me hallo en Londres, donde Isa y yo nos hemos pegado nuestro primer viaje desde que estamos juntos. Pagado y organizado integramente por nosotros, lo sentí como una especie de recompensa por llevar más o menos bien la cuestión de la madurez y la independencia, al menos en lo laboral y tal, pascual. Pero también fué muy importante a quien fuimos a ver (y squatear), el Viejo, pero siempre joven (y jartible) Cerdo linense, Cuchon I de la Curva. Aparte de ser de los pocos con los que puedo enrrollarme con mis conversaciones más absurdas/carentes de interes para la mayoria, es el epítome del emigrante gaditano de mediana edad que asuela nuestra geografía natal. De las personas más cercanas, ninguna se ha ido tan lejos, salvo el Teti. Ademas, Londres, una ciudad que ya conocía, lo que te da una empatía mayor y el desarrollo y uso de la telefonia IP hicieron el resto. De hecho, hubo una epoca en que hablabamos (y discutiamos, oh, si!) más que cuando estaba en la tacita. O sea, que alli estabamos, en Londres, Mayo, con Juanma y tomandonos un cafe Latte en el bar-garito-cultureta-alternati -posh donde curra Cuchon, con un delantal negro muy elegante. Y percibo, mas que recuerdo, en la foto que estabamos sentados fuera del recinto del Spitz, como llamare al bar-garito-cultureta-etc. a partir de ahora para abreviar. O sea, estabamos en el interior del mercado, encantador mercado ingles, de Spitalfields, que tiene un aire hippy-bohemio. Eso sólo podía significar una cosa, CANUTOS. Recapitulando, estaba en Londres, en Mayo, con mi primer viaje con Isa, con Cuchon, en su curro, tomando cafe y fumandome un canu. Vamos, como para no incluir esta foto en mi bitacora de experiencias memorables.
Ademas, he comprobado que cuando visitas a una persona con la que has tenido grandes lazos pero que vive una vida muy diferente, el ir y conocer esa vida, compartirla, te hace conocerla, comprenderla y saborearla. Como me gusta decir, las relaciones son como tapices o alfombras, compuestas de miles de pequeños nudos. Con el tiempo se gastan, cede, y se abren boquetes. Al ir a Londres, seguí anudando la alfombra particular que Juanmita y yo tejemos desde aquella lejana partida de ping pong frente a Ca Teti, en Huerta del Obispo cuando nos conocimos.